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No me da miedo el desempleo, ni la crisis, ni el regaño de mi jefe. 
No me da miedo la altura, los espacios abiertos ni cerrados.
No  me da miedo engordar, enflacar o morirme.

Me da miedo quedarme sola por aferrarme a tí, 
por los años que llevamos juntos sin estarlo,
por el tiempo que hemos dedicado a una tontería
y por el amor que resultó de una mentira.

Y no hay nada más escalofriante que descubrir que me he enamorado de mi peor pesadilla.

bye

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Salir de tu recámara ha sido la peor experiencia de los últimos días. Me quedé con un par de besos atorados, con cien lágrimas estacionadas y con ganas de volver el tiempo atrás. 
Diez minutos antes te encontrabas guardando silencio frente a mis obstáculos para explicarte mi falta de motivación para encontrarnos tan seguido. No es que me hayas aburrido, tampoco es un asunto de costumbre o un eufemismo para tronar contigo. Es una chispita de curiosidad por todo lo que se queda en el tintero cuando nos vamos a la cama y salimos desnudos y agotados. Es un antojo por saborear lo que se queda pegado en la tapa de este bote de yogurt-romance. A veces desearía detenerme un poco más en lo que me hace falta cuando no estás. Algunos días me parecen ideales para extrañarte. 

Sí, tengo una deficiencia en mis dosis de silencio. Necesito suspirar de vez en cuando. Me hace falta comenzar a necesitarte. 

No me dejes, pero no me hagas olvidar que existes. 

Recuérdame lo que sentí la primera vez que te besé. Ilumina mi sonrisa con el fin de una ausencia, con el guiño inesperado desde el otro lado del salón, con la sorpresa de encontrarte frente a mi casa después de no haberme tomado las llamadas un par de semanas. 

No te quedes, pero no me hagas deshacerme de nosotros. 

Suena raro, ya lo sé. Suena demasiado a tí para ser cierto, y demasiado a mí para ser romántico. 

Habría sido bueno. Habría funcionado. 

Pero ahora tendré que voltear al camino sin tí, y acostumbrarme a la misma rutina con una pareja todavía más persistente que tú: mi soledad.

Paces

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Hagamos las paces
con lo que no fue
con lo que nunca sucedió
con lo que ya no soy

Seamos otra vez una sola persona
la que pudo haber sido
y la que terminé siendo

Vayamos al día de mañana
con una misma meta
reconciliarnos y crecer.

el balcón

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Pues sí, este es el lugar donde vivo. ¿Sorprendido? Siéntate, hombre. Te sirvo un trago.
No estoy tan rota, todavía me alcanza para una botellita de brandy y unas cocas. Venga, brindemos.
Por los viejos tiempos y los buenos tiempos. Por que nunca sean la misma cosa y tengamos vida para seguirnos riendo. Salud.
¿Qué dice el mundo de los poderosos? A tí siempre te sentó bien ese saco. Te divertías mucho con las grillas y esas cosas, ¿no? Para ser honesta, yo no las extraño nada.

En ese balcón desayuno todos los días. Observo al viento vestirse de polvareda y revolcarse en la ropa limpia de los tendederos. Muy temprano pasan algunos trabajadores y se van riendo como si no fuera lunes o si no les esperara una jornada de perros. En ese mismo balcón encuentro suficientes razones para entusiasmarme.

Pues sí, a veces hay días difíciles. No siempre hay agua, no siempre hay pan, no siempre hay vino. Pero cuando hay lo hay sin ataduras.

Es cierto. Creo que jamás podré conocer Florencia ni me compraré el anillo de Tiffany's que me gustaba tanto. ¿Te acuerdas? Sí, pero esas cosas no pagan la divertida que me meto cada sábado en el mercado, o por las tardes en el balcón, cuando escucho al Sr. Memo regañar a su hija por "andar saliendo con muchachos sin oficio ni beneficio".

¡Ah, lo leíste! Pues sí, se ha vendido algo. Alguien dijo que era uno de los mejores libros del año, pero a mí me tienen sin cuidado las lisonjas. Siempre me dejan mal sabor de boca. Son como una burla, una moneda en la calle para que bailes. Qué bueno que les gustó, digo, ya seremos dos -o más.

Pero ya te platiqué mi vida entera y de tí no sabemos nada. ¿Qué te trajo de vuelta?





Sé que se me nota, pero intento disimular que no has dicho lo que has dicho. ¿Vendrías al balcón conmigo? Dime, qué se siente.

Si me prometes este balcón todos los días, acepto.

math & sensibility

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"No es una cuestión matemática, sino de sensibilidad." - Diario "Hoy", L.A. Editorial.

Aumenta el número de muertes por la lucha contra el narcotráfico. En dos años se han dado cifras altas, a menudo comparadas con Irak o Afghanistán. Pero la pregunta está mal formulada. No se trata del número de muertes en dos años. El fenómeno del narcotráfico no es reciente. Cuando yo estudiaba el primer semestre de la carrera, mi primer examen para la materia de Introducción a las Relaciones Internacionales fue, precisamente, sobre narcotráfico. Han pasado casi 9 años desde entonces. Si sumamos las muertes de esta campaña contra el crimen organizado y las prorrateamos entre el número de años que debió combartirse este problema (y que no se hizo), veremos que el resultado es bastante sensato.

Hoy por hoy, en una crisis económica, los periódicos buscan mantener sus ingresos. Los periodistas cuidan su trabajo. Los ciudadanos están alerta a los acontecimientos globales porque de ello dependerá su futuro inmediato. Es, además, época de campañas electorales. Estamos sentados en un polvorín... mediático.

En una escena de la película de "El Exorcista", cuando el sacerdote revisa la cinta con las voces de los demonios, se escucha una petición: "Give us time... let her die". Nunca olvido esa secuencia porque me recuerda que cualquier proyecto -humano o demoniaco- requiere tiempo. Nadie, por más poderoso que sea, puede llegar a la meta en el preciso instante de proponérselo (sólo Dios, pero esto no es una discusión teológica).

Me parece una buena metáfora. El estado mexicano está poseído por organizaciones criminales que tuvieron mucho tiempo para hacer de las suyas. Ahora, tal y como sucede en el filme, llega un intento de exorcismo que desencadena una reactiva agresión. Viene el vómito verde, las maldiciones y hasta las tácticas para engañar y hacer creer que ese demonio es parte del ser que ha poseído.

Si México se irá al infierno o no es algo que sólo podrá vislumbrarse con el paso del tiempo. El exorcismo apenas comienza, y debemos esperar toda clase de acciones desesperadas y violentas del indeseado inquilino.

where you're meant to be

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"... no where you can be
that isn't where you're meant to be
it's easy..."

-J. Lennon.
All you need is love.



A veces me reflejo en estas calles que no llevan a ningún lugar porque permanecen estancadas como pantanos de urgencia e impaciencia.

A veces me identifico con esta nata gris que se ve desde mi oficina.

A veces me alegro del sonido de los autos, del escándalo de los vendedores ambulantes, de lo diverso de este pedacito de tierra.

A veces me da la impresión de que soy la única.

speed

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Hoy en la comida, un compañero hablaba sobre los efectos de la marihuana. Más anecdótica que científica, la explicación sobre las sensaciones redundó en la velocidad cerebral.

Yo me quedé pensando en la relatividad del tiempo, pero no al estilo Einstein (ya quisiera yo...), sino en términos más mundanos y simples. Si mi cerebro va más rápido, el mundo parecerá moverse mucho más lento. Vendrá la desesperación, la inquietud, la impaciencia.
En cambio, si mi cerebro se rezaga, el mundo real parecerá muy dinámico y cambiante, difícil de aprehender y asimilar. Vendrá el miedo, la ansiedad, la ofuscación.

Creo que mi cerebro va a dos velocidades diferentes. El cerebro profesional va demasiado aprisa. El cerebro emocional se ha quedado muy atrás. El cerebro personal está como estacionado en una dimensión desconocida. El cerebro social ya está más allá del horizonte.

Sólo así me explico que, mientras el intelecto hace berrinche por la falta de estímulo y motivación, el corazón se me haya quedado perplejo ante lo que "debería" ser mi vida actual, y mi vida personal sea todavía una interrogante.

Nunca he sido -y ahora, todo indica que nunca seré- una personita normal.